Bienvenidos a la “Escuela del Amor”en donde hablaremos de cómo un padre, que como ustedes, quiso mucho a su hija y le enseña como iniciarse en el camino de la vida a través del buen ejemplo, trabajo y honestidad. Esta narración será en forma de cuento. Ahora mis queridos amiguitos les voy a contar el cuento de “Ricitos de Añil”
Erase una vez una niñita que tenía unos grandes ojos negros y el pelo negro, negro, y al ponerse al sol, el pelo despedía destellos azules, por eso le llamaron Ricitos de añil. Cuando vino al mundo su padre un hombre muy trabajador, desde el primer día, se preocupo por rodear a Ricitos de añil de todo el amor posible para que se sintiera siempre protegida y aprendiera a enfrentar sin miedo todos los peligros de la vida.
Siendo una bebé, por las noches cuando su papá llegaba del trabajo, bien entrada la noche Ricitos de añil se las ingeniaba para que su papito, le diera ese calorcito que durante el día no podía disfrutar, así que… ¿Qué es lo que hacía Ricitos de añil?... Lloraba, para que su papito llegara y la meciera toda la noche en una mecedora hasta que se dormía. El pobre padre se levantaba al siguiente día todo cansado, pero sabía que tenía que trabajar muy duro para poder alimentar a su familia.
Así fue creciendo Ricitos de añil rodeada de cariño y de enseñanzas.
Como a la mamá de Ricitos le encantaban las flores, todos los domingos desde que Ricitos cumplió los seis años, iba a pie con su hermano y su papá, a comprar flores frescas, como: gladiolas, dalias, rosas, claveles, que las inditas vestidas con sus refajos llevaban desde el Volcán de San Salvador a San Antonio Abad, donde instalaban un mercadito. Caminaban como dos horas por el camino de tierra hasta llegar al lugar en donde todo era muy colorido y el olor de las flores se sentía por todo el lugar, de esta manera aprendió Ricitos a amar las cosas bellas de la naturaleza y a cuidarlas. Además disfrutaba de darle una alegría a su mamá.
Cuando regresaban de la caminata, la cual era muy buena para la salud, el papá en premio por haberlo acompañado a disfrutar de la naturaleza, del aire fresco y darle una alegría a su madre, sentaba a cada hijo sus piernas y les leía los muñequitos del periódico de los domingos. Así fue creciendo en Ricitos el deseo de aprender a leer.
Ricitos de añil había aprendido de su padre que uno siempre debe cumplir con su palabra. A los once años dijo que quería estudiar en Suiza, y cuando llegó a la adolescencia su padre le preguntó si ese seguía siendo su deseo, Ricitos de añil respondió que sí y partió hacia un país extraño, pero su padre antes de que partiera le entregó una medallita de la virgen que a él se la había dado su mamá para que lo protegiera.
Las cartas iban y venían con sabios consejos y palabras de aliento para que Ricitos de añil no se sintiera tan sola.
Las primeras vacaciones de verano llegaron y por supuesto el padre de Ricitos de añil llegó a verla y la llevó por toda Europa, para que conociera otras culturas e idiomas. Conoció la disciplina de los alemanes, la buena cocina francesa, la alegría de los italianos, sus orígenes españoles, conoció diferentes religiones, pero sobre todo aprendió que en esos países trataban de trabajar unidos, evitar guerras, respetar sus diferentes religiones y sobre todo vio como era de útil aprender varios idiomas, para poder entender la manera de pensar y actuar de los diferentes países.
Además algo muy importante que aprendió fué que si quería salir adelante debía ser limpia y ordenada así como puntual.
En Europa no se contaminan los parques botando la basura en la grama o los lagos, los animalitos andan sueltos y los niños no les hacen daño, solo los acarician y les dan de comer.
Los años pasaron y Ricitos de añil se convirtió en toda una mujer, se casa y tiene tres hijitos. Con su familia se va a vivir a África en donde sigue aprendiendo cosas nuevas a través de observar mucho y sobre todo respetando e integrándose a la nueva raza que le había dado una buena acogida. Así aprende a cocinar comida de Etiopía, sus bailes y hasta aprende un poco su idioma. Pero siempre sigue extrañando a su papá...
Después de trece años viviendo en el extranjero, regresa a El Salvador y su padre le hereda la Hacienda Los Nacimientos y le dice que no siembre solo caña de azúcar, sino que le de más valor a la producción agrícola.
Por eso decide convertir la Hacienda Los Nacimientos en un jardín libre de insecticidas y fertilizantes sintéticos y solo va a usar los extractos y abonos verdes que da la naturaleza o sea convierte la Hacienda en un lugar de agricultura orgánica para cuidar la salud de sus empleados y poder dar a sus clientes productos más sanos, con mejor sabor y aroma.
Inicia con la siembra de añil, caña, pitahaya, marañón, jengibre, plátano, guineos de seda, teberinto y muchas otras plantas. Habiendo aprendido de los consejos de su padre y recordando que él cada vez que le revisaba las tareas de matemáticas, que era una clase que a ella no le gustaba, le preguntaba: ¿Cómo llegaste a esta respuesta? Ricitos de añil se dio a la tarea de investigar para poder desarrollar productos con los cultivos que se habían sembrado en la Hacienda Los Nacimientos. De esta manera ahora producía muchas cosas y con eso podía dar trabajo a mucha gente, para que también estos papás pudieran dar de comer a sus familias, poseyeran su casita y sus hijos fueran a la escuela.
Ahora todas las gentes que trabajan con Ricitos de añil pueden elaborar un colorante que se obtiene del añil, para que vean como una planta verde nos da un colorante azul, ahora hacen artesanías teñidas con añil, sorbetes de guineo, guineo deshidratado, jugo de marañón y de pitahaya, vinagre de marañón, vino de marañón, aceite de Teberinto, aceite esencial de zacate de limón, aceite esencial de jengibre.
También elaboran abonos orgánicos e insecticidas hechos con puras plantas. |